Saturno devorando a un hijo, Goya

Autor:

Francisco de Goya

 

Titulo:

Saturno devorando a un hijo

 

Año:

1820 / 1823

 

Técnica:

Técnica mixta

 

Soporte:

Revestimiento mural

 

Material:

Madera de roble

 

Medidas:

143,5 cm x 81,4cm

Escuela:

Española

 

Tema:

Alegoría

Procedencia:

Quinta del Sordo, Madrid, donada por Goya antes de partir para Burdeos en 1823 a su nieto Mariano. Vendida por éste a Javier Goya, en 1833, aunque retornó a la propiedad de Mariano en 1854. En 1859, la posesión fue vendida a Segundo Colmenares. En 1863 adquirida por Louis Rodolphe Coumont. Comprada en 1873 por el barón Frédéric Emile d´Erlanger, que encargó el inmediato traslado de las pinturas murales a lienzo. En 1878, en la exposición Universal de París, para su posible venta. En 1881 d’Erlanger las cedió al Estado español, que las destinó al Museo del Prado, donde se expusieron desde 1889.

 

Descripción y análisis:

 

El tema de Saturno está relacionado, según Freud, con la melancolía y la destrucción, y estos rasgos están presentes en las Pinturas negras. Con expresión terrible, Goya nos sitúa ante el horror caníbal de las fauces abiertas, los ojos en blanco, el gigante avejentado y la masa informe del cuerpo sanguinolento del supuesto hijo.

El cuadro no solo alude al dios Chronos, que inmutable gobierna el curso del tiempo, sino que también era el rector del séptimo cielo y patrón de los septuagenarios, como lo era ya Goya.

El acto de comerse a su hijo se ha visto, desde el punto de vista del psicoanálisis, como una figuración de la impotencia sexual, sobre todo si lo ponemos en relación con otra pintura mural que decoraba la estancia, Judit matando a Holofernes, tema bíblico en el que la bella viuda judía Judit invita a un banquete libidinoso al viejo rey asirio Holofernes, entonces en guerra contra Israel y, tras emborracharlo, lo decapita.

El hijo devorado, con un cuerpo ya adulto, ocupa el centro de la composición. Al igual que en la pintura de Judit y Holofernes, uno de los temas centrales es el del cuerpo humano mutilado. No solo lo está el cuerpo atroz del niño, sino también, mediante el encuadre escogido y la iluminación de claroscuro extraordinariamente contrastada, las piernas del dios, sumidas a partir de la rodilla en la negrura, en un vacío inmaterial.

Emplea una gama de blancos y negros, aplicada en manchas de color gruesas, solo rota por el ocre de las carnaciones y la llama fúlgida en blanco y rojo de la carne viva del hijo. Francisco Javier Sánchez Cantón lo comparó al que pintó Rubens en 1636 para la Torre de la Parada del Palacio del Pardo de Madrid (Saturno devorando a su hijo). En su estudio señala cómo la violencia del de Goya es muy superior, despojado de su pretexto mitológico, prefigurando con ello el expresionismo.

Saturno devorando a su hijo
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