¡Maten al presidente!, cuatro intentos fallidos de magnicidios

Pude recopilar unas gotas mas de este caudal libertario.

En este caso, son cuatro las historias, cuesta a veces conseguir información que perfore el  ruido oficial, pero se puede.

Les pido que presten especial atención sobre el final de la última historia, podrán ver graficada la frase “el mundo es un pañuelo” en una linea.


Un dentista anarquista contra Yrigoyen

El 12 de octubre de 1928 Hipólito Yrigoyen asumió su segundo mandato como Presidente de la República Argentina. A su primera presidencia (1916-1922), se la había estimado reparadora, en parte, de los males sociales que impedían a la Argentina convertirse en una democracia bien consolidada. Pero en 1928 Yrigoyen, ya de 77 años, carecía de energía y la toma de decisiones, lenta en el primer período, resultó nula en el segundo, ocasionando su desprestigio y gran malestar social.

En esas críticas circunstancias, que conducirían a la revolución del 6 de septiembre de 1930, tuvo lugar un atentado contra su vida. El presidente vivía en una modesta casa de la calle Brasil 1039 donde, a las 11.30 de la mañana del 24 de diciembre de 1929, subió a un auto con su chofer habitual, Eudosio Giffi, para ir a la Casa Rosada. Junto a Yrigoyen se sentó su médico particular, el Dr. Osvaldo Meabe, y al lado del chofer se ubicó el subcomisario Alfredo Pizzia Bonelli, jefe de la custodia. Seguido por otro auto en el cual viajaba el personal policial de custodia, Giffi condujo por Brasil hasta cruzar la calle Bernardo de Irigoyen, donde estaba de facción el agente Carlos María Sicilia.

Al pasar frente al Hotel “Tigre”, Brasil 924, Buenos Aires, Argentina, un individuo salió del zaguán revólver en mano y disparó cinco tiros contra el automóvil. El chofer zigzagueó para no presentar blanco mientras el subcomisario Pizzia, herido en el abdomen, y los custodios, repelían el ataque. El agente Sicilia corrió al lugar y fue herido en una pierna, y el atacante resultó muerto de cinco balazos.

El sujeto fue identificado como Gualterio Marinelli, italiano, de 44 años, residente desde 1905 en el país y de profesión mecánico dental. La policía constató que integraba un grupo anarquista llamado “Nueva Era”, y que había practicado tiro al blanco con el revólver incautado, comprado 20 días antes. El proyectil extraído al subcomisario Pizzia y otro de la puerta del auto procedían de esa arma.

En el taller del mecánico dental, que éste había vendido dos semanas antes del hecho, depositando el dinero en un banco, se halló un testamento escrito de su puño y letra en el que dejaba cuanto poseía a su concubina “pues circunstancias de la vida pueden colocarme en situación de no volverla a ver”.

El juez que intervino en la causa pidió al Presidente un informe sobre lo ocurrido, e Yrigoyen, que había sido comisario desde 1872 a 1877, lo envió con muy clásico y preciso estilo policial. Pese al cúmulo de pruebas acerca de la culpabilidad de Marinelli en el atentado, su muerte abrió paso a muchas suposiciones que supo aprovechar la prensa opositora. Se insistió en que no era el autor del ataque sino un transeúnte casual al que la custodia del Presidente había acribillado en tanto el auténtico culpable huía.

La custodia repele el ataque dando muerte a Marinelli. Yrigoyen ileso, concurre a la comisaría a ver los restos del anarquista, mientras se le oye decir: ¡ Y yo que nunca hice mal a nadie!”

En algunos periódicos se informó que, además de Marinelli, habían sido muertos dos custodios, lo cual no era exacto: el subcomisario Pizzia y el agente Sicilia, que no integraba la custodia presidencial, se recuperaron de sus heridas. Otra versión afirmaba que Marinelli intentaba acercarse al auto para entregar a Yrigoyen una carta del personal de un hospital en que estuviera internado, pidiendo una mejora salarial. La carta no se encontró y la dotación del hospital aseguró no haber confiado al ex paciente reclamo alguno.

Las dudas persistieron al punto de que un año después, ya depuesto el gobierno y bajo la presidencia de facto del general José Félix Uriburu, la Corporación de Protésicos Dentistas, a la que había pertenecido el mecánico dental ultimado, lo homenajeó colocando sobre su tumba una placa con la inscripción “ A Gualterio Marinelli – Vox populi, vox dei. ¡Salve!”

 

Otro tano

Nació en la ciudad catalana de Sitges en 1881, fue tipógrafo y litógrafo de profesión. Emigró a la Argentina y trabajó en Buenos Aires en diversos talleres gráficos, entre los cuales se destaca el de la publicación anarquista La Protesta. El 24 de noviembre de 1904 fue despedido del taller en el que trabajaba, y fue arrestado, interrogado y liberado.
El 11 de agosto de 1905 atentó contra el presidente Quintana, pero no pudo realizar su cometido debido a un fallo en la pistola que utilizó. Planas declaró que actuó en soledad y que su motivación era vengar a los obreros asesinados durante la manifestación del 21 de mayo de ese año. Fue detenido y durante el juicio en septiembre de 1907 la defensa alegó inestabilidad mental.

Su accionar fue reivindicado por la prensa anarquista, y se editó en 1907 un folleto escrito por Roberto Bunge explicando el caso: Justicia para Salvador Planas.

 

Salvador Planas y Virella

Fue condenado a 10 años de prisión por tentativa de homicidio. El 6 de enero de 1911, huyó de la Penitenciaria Nacional de Buenos Aires junto al anarquista Francisco Solano Regis, que había atentado contra el presidente José Figueroa Alcorta, sucesor de Quintana. Se cree que Simón Radowitzky también estaba involucrado en la fuga, pero había sido trasladado horas antes a la imprenta de la cárcel.

 

¿Un loco lindo?

El 9 de agosto de 1914 falleció el presidente Roque Sáenz Peña y se hizo cargo del Ejecutivo el
vicepresidente, Dr. Victorino de la Plaza. Ultimo representante del llamado “Régimen presidencialista”
o simplemente “Régimen” -período que concluiría al entregar la presidencia a Hipólito Yrigoyen en 1916- de la Plaza era una persona introvertida; su costumbre de hablar en voz muy baja y con los ojos entrecerrados le valió el apodo de “Doctor Confucio”.

El 9 de julio de 1916, en ocasión de cumplirse el primer centenario de la Independencia, presenciaba
desde la Casa Rosada el desfile militar. Eran las tres y media de la tarde y pasaba la última formación del desfile cuando, de entre la multitud que llenaba la Plaza de Mayo, salió un hombre que disparó un tiro de revólver hacia el balcón en que estaba el Presidente.

La bala dio contra una moldura, el individuo intentó disparar otra vez pero ya algunos circunstantes
se apresuraban a desarmarlo. El agresor estuvo a punto de ser linchado y la policía debió esforzarse
para rescatarlo, en tanto “el doctor Confucio” seguía presidiendo, inmutable, los actos conmemorativos.

En la comisaría, el sujeto, de nombre Juan Mandrini, porteño y soltero, alegó que su intento de asesinar al Dr. de la Plaza tenía por motivo vengar a Lauro y a Salvatto, a quienes consideraba injustamente ejecutados. El caso de Lauro y Salvatto, dos pescadores, que, por encargo de la esposa de un hombre adinerado, Carlos Livingston, asesinaron a éste de manera atroz y fueron condenados a muerte, había conmocionado a la opinión pública.

La explicación de Mandrini ante las autoridades hizo dudar de su cordura; le hicieron pericias médicas que concluyeron en que padecía de poca capacidad de raciocinio pero tenía conocimientode sus actos. Se le enjuició, no por tentativa de homicidio sino por disparo de arma de fuego, y lo condenaron a 1 año y 4 meses de cárcel.

Algunos historiadores señalan que el Presidente ordenó liberar a su agresor por considerarlo un hombre enfermo. No fue así. Mandrini no estuvo en una cárcel sino que se lo mantuvo preso en una Alcaidía policial; el 1º de febrero de 1918, habiendo cumplido su condena, se lo puso en libertad.

 

Obrero de acción directa

El Dr. Quintana falleció el 12 de marzo de 1906; le sucedió el vicepresidente, Dr. José Figueroa Alcorta, quien residía con su familia en una casa de la calle Tucumán 848. En el mes de febrero de 1908, en el interior de una canasta con frutas enviada a la esposa del Presidente se encontró una bomba rudimentaria, lista para estallar a determinada hora, cuyo mecanismo -un reloj despertador, papel de lija y fósforos- no funcionó.

Al atardecer del 28 de febrero llegó el Dr. Figueroa Alcorta desde la Casa de Gobierno y al apearse del coche, un individuo que, fingiendo resguardarse de la llovizna, estaba en el zaguán de la casa lindera, le arrojó un paquete y echó a correr.

Del bulto salía humo y el Presidente atinó a alejarlo de sí con un golpe del pie y entrar rápidamente en
su casa. El cochero, viendo que el sujeto huía por la calle Tucumán, alertó con sus gritos a un policía, el oficial Luís Ayala, que caminaba por esa arteria. Ayala detuvo al agresor, que intentó herirlo con un cuchillo; logró desarmarlo y, con dos agentes que acudieron a su silbato, lo condujo a la comisaría.

El paquete se estaba quemando, lo apagaron con un baldazo de agua y, examinado en la dependencia policial, resultó ser un cilindro de latón con clavos, remaches, balas de revólver y frascos con ácidos; el artefacto pesaba 6 kg y no estalló porque el choque contra la acera no rompió los frascos, aunque los gases causaron el humo y el incendio de los papeles de diario en que estaba envuelto.

El detenido era un salteño de 21 años, de nombre Francisco Solano Rojas, obrero de la construcción.
La bomba, preparada en la habitación que
alquilaba en la calle Avellaneda 352, la había llevado esa tarde en tranvía hasta la Casa de Gobierno para arrojarla al Presidente cuando ingresara a la misma. No pudo hacerlo porque el Dr. Figueroa Alcorta ya estaba dentro y decidió intentar el ataque en su domicilio de la calle Tucumán.

Lamentó haber fallado en su propósito: eliminar al Presidente para que un cambio de gobierno solucionara la penosa situación de la clase obrera. Enjuiciado, Solano Rojas recibió una condena a 20 años de prisión, reforzada con 10 días de reclusión solitaria en los aniversarios del atentado. En la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras trabó relación con Salvador Planas y Virella, el tipógrafo catalán que atentara contra el Presidente Manuel Quintana. El 6 de enero de 1911 Planas y Solano Rojas, junto con otros 12 presos, se fugaron por un túnel cavado en el jardín y nunca fueron recapturados.

Pudieron escapar gracias a la colaboración de otro anarquista que elaboro la ganzua de un tal Simon Radowitsky.

 

Videos


http://www.youtube.com/watch?v=L0SfFwClbUc&playnext=1&list=PLB3792DD523EF9FE4&feature=results_main

Fuentes:

http://www.argentinafolkloreyprovincias.es
http://es.wikipedia.org/wiki
http://www.pcr.org.ar

Personas mencionadas:

Gualterio Marinelli, Salvador Planas, Francisco Solano Regis, Francisco Solano Rojas, Hipólito Yrigoyen, Eudosio Giffi, Osvaldo Meabe, Alfredo Pizzia Bonelli, Bernardo de Irigoyen, Carlos María Sicilia, Manuel Quintana, Roberto Bunge, José Figueroa Alcorta, Simón Radowitzky, Roque Sáenz Peña, Victorino de la Plaza, Juan Mandrini, Lauro y Salvatto, Carlos Livingston, José Figueroa Alcorta, Luís Ayala,