La misteriosa muerte de Buenaventura durruti, 6 hipótesis

La muerte de Durruti no puede ser analizada aislada de su contexto ni ser evaluada como un acontecimiento menor dentro de la historia de las luchas anarquistas, hay situaciones que no podrán ser cambiadas, ni es mi intención caer en anacronismos vanos, el murio, otros miles también, la guerra se perdió y el fascismo se alzo de manera tan cruenta como todos se lo esperaban.
Pero me pregunto:

  1.  ¿Es lo mismo que Durruti haya sido muerto traicionado por los comunistas?
  2.  ¿Es lo mismo que haya sido muerto por un accidente/error de manipuleo del arma?
  3.  ¿Es lo mismo que lo haya hecho alguién de sus propias filas?
  4.  ¿Y si fue abatido por el enemigo, esta historia es la misma?

A fines teoricos, de enseñanza y aprendizaje, creo que no, no es lo mismo, aunque ya no se pueda cambiar el hecho de que haya sido asesinado y la guerra se haya perdido, lo que si podemos es tratar de aproximarnos un poco a la verdad histórica para poder aprovechar al máximo una de las experiencias mas valiosas que se produjeron durante el siglo XX, el poder determinar si fuera traicionado o abatido por el enemigo generaria un impacto totalmente opuesto en la forma en como se interpretan sus políticas en cuanto a como se enfrento la guerra contra el fascismo, y el modo en el cual estableceriamos una manera mas efectiva en las guerras del futuro.

 

Este material espero que nos ayude a ejercitar nuestra agilidad de respuesta, y aprendizaje para mejorar tácticas y estrategias ante sucesos que sin dudas se repetiran, con otra mascara, otras coyunturas, otros actores, pero la misma escencia. La lucha por la conquista de libertad.

A continuación voy a traer todos los argumentos documentados existentes sobre cada una de las hipotesis, y el arduo trabajo de determinar que fue lo que realmente acontecio, será tarea e interpretación libre e individual de cada uno.

También podriamos realizarnos otras preguntas como, ¿hubiese cambiado algo si no hubiese muerto o la suerte del anarquismo en España ya estaba hechada? ¿Que significaba una victoria en conjunto con la izquierda? ¿Un regimen de izquierda no hubiese sido igual de criminal que el del fascismo? ¿No hubiesen traicionado a los anarquistas una vez que llegaran al poder como en tantas otras experiencias previas (y posteriores)? Preguntas, tan son solo tengo para aportar preguntas (y ni siquiera son novedosas), son preguntas que nos abren caminos a lineas de pensamientos y futuros alternativos con posibilidades diversas e infinitas, respuestas ninguna, no recreemos y ni nos acerquemos al tipo de consignas que generalmente repite la izquierda , Durruti “martir”, Durruti “Vive”, no lo elevemos ni un centimetro del piso, ni santifiquemos su nombre o figura, Durruti fue un hombre con ideas simples pero de avanzada para la época, puso todo de si para forjar el mundo en el que creyo, no estuvo solo, fue parte de una generación que fue por todo, sin menguas, ni torceduras, con infinidad de errores y otros tantos aciertos

 

Creo que salvo unos pocos, todos se vieron favorecidos con la muerte Durruti, ya estaban pactando el cambio de regimen y el punto final de la guerra, declarada, Durruti era la piedra en el zapato, para todos.

 

SU MUERTE

En la madrugada del 18 al 19 de noviembre, en la línea del frente de la Ciudad Universitaria, los milicianos se preparan para asaltar el Hospital Clínico, en manos de las tropas moras. Tras varias escaramuzas consiguen acceder al inmueble pero durante su acción son rechazados por los destacamentos allí refugiados y se inicia un brutal combate en el interior del recinto. La lucha se lleva a cabo planta por planta, habitación por habitación, prácticamente cuerpo a cuerpo. Tras varias horas, los milicianos deciden replegarse y volver a sus posiciones iniciales. La moral de los libertarios pasa por uno de sus momentos más desalentadores. Muchos se plantean la posibilidad de abandonar su posición tras haber estado cuatro días combatiendo sin descanso, sin dormir, ateridos por el frío y prácticamente sin comer. Los mandos de la columna informan a Durruti de la difícil situación y éste decide personarse en el frente acompañado de Julio Graves, su chofer habitual, y del sargento Manzana, siendo precedidos en su recorrido por otro vehículo en el que viajan Antonio Bonilla, Lorente y Miguel Doga. Cuando se encuentra a pocas manzanas del Hospital Clínico, Durruti se topa con un grupo de milicianos que parece retirarse y abandonar sus posiciones. Ordena a Graves que detenga el vehículo y desciende con intención de amonestarlos. Tras una breve conversación con ellos, se dirige de nuevo al coche. Se escucha un disparo. Durruti se desploma con el pecho ensangrentado. Es subido al automóvil y conducido a toda velocidad al Hotel Ritz. Tras ser atendido por un equipo médico capitaneado por los doctores Bastos Ansart y Santamaría durante doce horas en las que el herido se debatiría continuamente entre estados de semiinconsciencia, Durruti fallece en la madrugada del 20 de noviembre de 1936. Causa oficial de la muerte: hemorragia pleural causada por herida de arma de fuego.

 

¿QUIÉN MATÓ A DURRUTI?

Esa es la pregunta del millón y para la que, por desgracia, no existe a día de hoy una respuesta certera y satisfactoria. A falta de evidencias claras y determinantes, a lo más que podemos aspirar es a matizar las condiciones del interrogante. Mucho se ha especulado acerca de las circunstancias que rodearon la muerte de Buenaventura Durruti. Por dudar, incluso se ha puesto en tela de juicio en numerosas ocasiones hasta el lugar exacto en el que transcurrió el incidente. Hay que partir de la premisa de que, sobre el fallecimiento de Durruti, no existe ninguna certeza absoluta salvo la del hecho de su propia muerte y que por ello debemos movernos siempre en el ámbito de las hipótesis —habiéndolas por decenas—. Llegados a este punto vamos a dejar de lado aquellas teorías disparatadas, de corte efectista o de intención claramente manipuladora, tratando de exponer lo que se consideran hechos probados o, al menos, hechos que poseen la suficiente entidad testimonial y documental como para permitir arrojar mínimas dudas acerca de su verosimilitud.

Tras los primeros instantes de confusión, una primera versión oficial apunta que un disparo realizado desde las terrazas del Hospital Clínico de Madrid, en esos instantes tomado por las fuerzas nacionales, acabó con la vida del anarquista. Diversos testimonios manifiestan que el coche en el que viajaba Durruti esa mañana iba ocupado por Graves, el chofer, en la parte delantera y viajando en la parte posterior, se encontraban el sargento Manzana y Durruti. Las declaraciones indican que el vehículo se hallaba estacionado a unos seiscientos metros del hospital cuando Durruti cayó herido, siendo ésta una distancia aceptable para un tirador avezado pero, por otro lado, diferentes testimonios sostienen que el herido presentaba en su zamarra de cuero un rastro circular de pólvora deflagrada, inequívoca señal de un disparo hecho a quemarropa. La información, por sí sola, no es más que otra hipótesis puesto que no se conserva la prenda pero, asociándola a otros detalles conocidos, nos permite argumentar con cierta solvencia la teoría de un disparo hecho a corta distancia. Por ejemplo, las heridas presentadas. Según la creencia generalizada, Durruti tenía alojada en su pecho la bala que lo había herido y que, durante su estancia en el hospital, se estudió la posibilidad de intervenirle con el fin de extraérsela pero, según ciertas fuentes —entre ellas, algunos de los médicos que lo atendieron—, la bala presentaba orificio de entrada en el espacio intercostal ubicado bajo la tetilla izquierda y orificio de salida en el centro de la espalda. Según esas mismas fuentes, es cierto que se estudió la posibilidad de intervenirle pero no para extraer la bala puesto que ésta no se hallaba alojada en el herido, sino con la intención de atajar la profusa hemorragia interna, de extrema gravedad, que éste presentaba. Por tanto, si la trayectoria presentaba orificio de entrada y de salida, es más lógico pensar en la hipótesis de un disparo hecho a quemarropa que en uno realizado a seiscientos metros de distancia. Otro detalle que avala esta teoría: en su declaración inicial, Julio Graves, el chofer, expone que momentos antes de advertir que Durruti caía herido pudo escuchar de forma clara una detonación. Este aporte puede entenderse de múltiples formas. Bien podría referirse a alguno de los disparos producidos en los alrededores —recordemos que la zona era frente de guerra— pero su testimonio nos puede dar a entender que oyó un disparo en concreto, uno que tuvo la oportunidad de escuchar lo suficientemente cercano como para prestarle mayor atención.

Si tomando como base estas deducciones, aceptamos como válida la premisa o hipótesis del disparo a corta distancia, el asunto adquiere otro cariz muy diferente al indicado por la versión oficial. Las personas más próximas a Durruti en el momento de su muerte serían: Julio Graves, el chofer; el sargento Manzana, que lo acompañaba y que descendió del vehículo junto a él y el grupo de milicianos a los que el anarquista se detuvo a reprender. Si seguimos un procedimiento de eliminación, podríamos descartar a los milicianos —una de las múltiples hipótesis existentes apunta hacia ese lado— puesto que Durruti ya había terminado de conversar con ellos y se retiraba hacia el vehículo —de hecho se estaba introduciendo en él— cuando fue alcanzado. La proximidad no parece suficiente para efectuar un disparo a quemarropa. Según otros testimonios, Julio Graves no llegó a descender del vehículo durante el incidente, manteniéndolo en marcha en todo momento por lo que podemos deducir que, desde su posición, se hace inverosímil el que fuese de alguna manera responsable del disparo que acabó con la vida de Durruti. Nos quedan el sargento Manzana y el propio Durruti. Según algunos de los médicos que lo atendieron, profesionales acostumbrados a tratar de forma habitual a heridos en combate, la herida presentaba el aspecto de haber sido producida por una bala del calibre «9 largo» —aspecto que no se puede confirmar ni desmentir puesto que el proyectil no se conserva. Tomemos esta apreciación con la suficiente y necesaria asepsia—. La única arma que solía portar Durruti de forma habitual era un viejo Colt que ocultaba siempre bajo su zamarra. Cabría la posibilidad de un disparo accidental provocado por el propio Durruti pero la aureola de pólvora impresa en el exterior de su cazadora de cuero nos evidencia que el disparo no pudo producirse con esa arma. ¿Llevaba Durruti alguna otra arma ese día? Hay testimonios contradictorios al respecto. Algunos lo afirman, otros lo niegan. En lo que sí coinciden la mayoría de dichos testimonios es que un arma de uso muy común entre los milicianos y particularmente entre los integrantes de la columna Durruti era un subfusil de tipo Schmeisser MP-28 (conocidos popularmente como Naranjeros). Y nuevamente la fatalidad parece entrar en juego. El Naranjero era un arma muy apreciada por su potencia y robustez pero adolecía de un grave defecto de diseño: carecía de seguro de transporte por lo que, una vez montada, el más mínimo golpe provocaba su disparo accidental. Hay constancia de que el coronel López Tienda sufrió una accidente de idénticas características en la zona de la carretera de Extremadura apenas un mes antes de la muerte de Durruti. Y, curiosamente, esta arma usa balas del calibre «9 largo».

Pero no existe constancia alguna de que Durruti portase jamás un Naranjero. Todo lo más, un fusil Mauser.

Sin embargo, quien portaba de forma habitual un Naranjero era el sargento Manzana, acompañante de Durruti ese fatídico día.

Ítem más, existen testimonios que confirman el hecho de que el sargento Manzana fue herido pocos días antes del suceso y que debido a esto llevaba el brazo en cabestrillo —en las exequias de Durruti aún lo llevaba. Existen documentos gráficos al respecto—. Si ese día portaba su arma habitual y contaba con el impedimento de llevar inmovilizado el brazo, no es descabellado suponer que el arma pudo escurrírsele accidentalmente de las manos, golpear el suelo y dispararse fatalmente en el momento en que Durruti se encontraba inclinado en un ángulo cercano a los 90 grados para introducirse dentro del vehículo —recordemos la trayectoria prácticamente plana de la bala—. ¿Ocurrió así? Imposible saberlo. ¿Pudo ocurrir así? Es una conjetura, cuanto menos, factible.

Manteniendo pues esta línea hipotética, podemos concluir que todos los indicios apuntan hacia el hecho de que un desgraciado accidente, provocado por el propio Durruti o, más probablemente, por el sargento Manzana acabó con la vida del líder anarquista el 19 de noviembre de 1936.

 

LUCES Y SOMBRAS

Si todo se debió a un fatal accidente, ¿por qué del halo mítico creado alrededor del hecho? Existen múltiples razones que permiten explicarlo y decenas de curiosos detalles que permiten avalar cualquiera de dichas razones. En su momento, el principal error fue tratar de ocultar la verdad. ¿Por qué se decidió silenciar los auténticos detalles del suceso? Porque, en ese instante y situación, así convenía a muchos de los sectores implicados en el encubrimiento. La finalidad principal de éste sería la de evitar suspicacias que pudieran derivar en un autentico y definitivo cisma en las filas de la república. En esa época, los ánimos estaban demasiado soliviantados. Los marxistas del POUM, junto a los anarquistas de la FAI y la CNT, en continua pugna con los comunistas por sus diferentes criterios a la hora de implantar la revolución social. Algunos de los sectores más conservadores de la CNT propugnaban la idea de apartar a Durruti ya que consideraban que se estaba radicalizando en exceso y que eso perjudicaba los intereses de la revolución. Por el contrario, los sectores más extremistas de la CNT no estaban de acuerdo con dicha postura ya que veían en Durruti al autentico valedor de sus consignas. En definitiva, cualquier intento de explicar que la causa de todo había sido un desafortunado accidente no habría sido creído por ninguna de las partes; habrían aprovechado la ocasión para desatar una lluvia de acusaciones de unos contra otros que hubiera acabado desembocando en una autentica batalla campal en el seno del gobierno. Y eso no beneficiaba a nadie. Era más sencillo culpar a «una maldita bala fascista» y hacer de ello un frente común.

Por otro lado, al gobierno republicano le interesaba el encubrimiento, principalmente por dos motivos: uno, que la pérdida de un líder tan carismático a manos de un estúpido accidente hubiera provocado la desmoralización inmediata de la tropa. Era preferible echar la culpa a los rebeldes para darles a los milicianos un motivo más de odio, un motivo más para luchar. Y dos, el explicar que el accidente se produjo por la ineficacia del armamento usado, hubiese provocado, además de la propia desmoralización, una desconfianza increíble hacia su material bélico. El gobierno no podía admitir que estaban peleando con armas que si bien no eran defectuosas, eran inseguras y provocaban accidentes. En definitiva, es muy probable que la decisión de ocultar los detalles no fuese tomada con el fin de encubrir un acto ilícito sino más bien por una cuestión de interés coyuntural. Por desgracia, el exceso de cabos sueltos y testimonios contradictorios que surgieron alrededor de una mentira pobremente urdida terminarían por propagar y extender el halo mítico que a día de hoy rodea la muerte de Durruti.

En cualquier caso, conviene recordar que, como en toda disertación hipotética, nos movemos siempre en el terreno de las incertidumbres y que las planteadas en este artículo quizá no consigan más que añadir nuevos interrogantes. Sin datos contrastables no podemos negar de forma tajante que la muerte de Durruti fuese planeada, urdida y ejecutada de forma calculada al igual que no podemos despreciar el hecho de que ciertos detalles de esta historia permanecen como puntos oscuros o contradictorios de cualquier argumentación que pretenda exponerse. Por ejemplo, no podemos descartar —ni probar tampoco— de forma taxativa que el sargento Manzana efectuara un disparo intencionado y no accidental ya que nos resulta muy llamativa la circunstancia de que, una vez acabada la contienda, José Manzana se exiliara en México y que, siendo un representativo miembro anarquista, tratase de evitar todo contacto con antiguos compañeros y con el gobierno republicano en el exilio, hasta el punto de llegar a perderse su pista por completo alrededor del año 1970. O tampoco podemos negar el hecho de que José Manzana, durante el asalto a las Atarazanas del 19 de julio, se encontrara dentro del cuartel al lado de los sublevados y que posteriormente, tras ser tomadas las dependencias militares, saliera de ellas y se uniera a la causa anarquista. Son detalles que, sin acusar directamente a nadie, se hacen difíciles de encajar en cualquiera de los razonamientos, en cualquiera de las conjeturas que se planteen. Y es que, en el fondo, son esas circunstancias las que consiguen que el mito de Durruti perviva en el tiempo. Y que lo siga haciendo después de tantos años.

 

EL ARMA

 

Solo puedo decir que si fue un accidente Durruti murió por ser un autentico descuidado, impropio de alguien que está habituado a portar armas, imperdonable no solo por poner en riesgo su vida sino por hacerlo con la de los demás, como ya se ha dicho un arma NO se dispara sola, se dispara por impericia, por negligencia, por imprudencia o de forma premeditada por acción requerida, y fundamento esta afirmación porque en mi casa hubo un naranjero desde que yo tenía unos 8 ó 9 años, legalmente inutilizado por la armería de la Guardia Civil, y hasta que mi padre se decidió a hacer con él una lámpara, pues cada vez que me quedaba solo en casa y tenía la oportunidad pues jugaba con “ el naranjero “, así que tras haber tenido en mis manos durante muchas horas ese arma puedo hablar con mucho detalle a pesar del tiempo transcurrido.

“Naranjero” – Famoso por su potencia de fuego, pero también por su inseguridad.
“Naranjero” – El tipo de arma con el que se habría disparado Durruti.

He de decir que el arma aún estando inutilizada todas sus piezas móviles eran totalmente funcionales, la inutilización consistía en perforaciones varia a lo largo de la caña y recamara así como aplastamiento y soldadura del percutor, pero como digo el cerrojo se podía accionar perfectamente así como efectuar disparo en vacio.
Al contrario de lo que se ha dicho, “el naranjero” si disponía de seguro, en esta fotografía marcado dentro de un circulo blanco se muestra el mismo y que se encuentra en posición de “quitado”:
Su accionamiento era el siguiente, un cuarto de vuelta y se sacaba hacia abajo, en posición de seguro quitado, a la inversa, cuarto de vuelta y hacia dentro (un muelle hacia la operación si se soltaba), seguro puesto, el seguro era sencillo, al estar el embolo dentro del cerrojo impedía que este se accionara hacia atrás “para montar el arma”, además, el seguro solo podía estar en esa posición con el cerrojo sin montar, ya que de lo contrario al disparar y desplazarse el cerrojo hacia delante topaba con el seguro y no se producía el disparo.

Así las cosas, si el arma de Durruti se disparo es porque NO ESTABA PUESTO EL SEGURO, imperdonable como he dicho para alguien que porta un arma.

Por lo que para producirse el disparo de forma accidental el arma debía estar montada y lista para efectuar el disparo, o bien con el cerrojo hacia delante si el seguro y recibir un golpe el cerrojo produciendo el percutor en ese caso el disparo, en conclusión UNA IMPRUDENCIA

 

LAS 6 HIPOTESIS

 

Asesinado por orden de la URSS y los comunistas españoles.

El Gobierno quería acabar con las milicias, mejor dicho, militalizarlas y crear un ejército disciplinado, Durruti se oponía a esto y pidió a los políticos que no pusieran sus intereses particulares por encima de la revolución. Tras ese discurso muere asesinado por uno de sus hombres que se había puesto al servicio soviético ya que el peso de Durruti en la población era inmenso.

Un fatal accidente con su subfusil.

El hecho de que se encontrara en una zona segura (a más de kilómetro y medio de las líneas enemigas) y que viajara con hombres de su completa confianza parece dotar de veracidad a esta opción, también las informaciones de que tenía restos de pólvora en el tejido y que el agujero era bastante grande parecen apoyar la veracidad de un disparo a quemarropa. El subfusil de Durruti era un naranjero (Subfusil Schmeisser MP28 II), un arma muy inestable que carecía de seguro. Según está versión al bajar del coche se habría golpeado con el picaporte de la puerta y al tener el arma apuntando hacia el pecho ésta se habría disparado. La versión es atacada por Abel Paz (anarquista y biógrafo de Durruti) ya que en su libro afirma que la bala le entró por detrás.

Un francotirador de la zona rebelde.

Es la primera versión y la que divulgaron los republicanos. En principio un francotirador desde una ventana (sic) aprovechando que había bajado del coche le pegó un tiro. Esto es muy difícil de creer ya que como hemos dicho estaba a más de un kilómetro de las líneas enemigas y el disparo parece que se hizo a quemarropa. Además la ruta de Durruti no seguía ningún plan preestablecido y fue una casualidad que bajara en ese punto. Se argumentó la posibilidad de una bala perdida.

Uno de los dos desertores sorprendidos.

También parece bastante documentado el hecho de que la detención del coche se debía a ver una discusión en la calle. En principio los defensores de esta versión argumentan que sorprendió a dos desertores y les recriminó su actitud, estos ignorando quien era le dispararon. Parece complicado de creer teniendo en cuenta que viajaba con hombres de su total confianza y nunca afirmaron algo parecido.

Asesinado por sus compañeros.

La versión stalinista es que lo mataron unos anarquistas descontrolados porque Buenaventura estaba a favor de ganar la guerra y parar la revolución. El problema de esta versión es que Durruti en todas sus intervenciones públicas se mostró claramente contrario al retroceso revolucionario y que viajaba con hombres fieles que (a no ser que estuviesen todos en la conspiración) deberían haber visto al asesino.

El sargento José Manzana

Antonio Bonilla (compañero anarquista de Durruti) reveló una información que era desconocida hasta ahora, citaré literalmente sus palabras (semanario Posible, nº 80): «No cabe duda de que la bala que mató a Durruti salió del naranjero que portaba Manzana. Pudo ser casual o intencionadamente. Hoy, a la vista de lo que ocurrió después, opto por creer que fue intencionado el disparo.» Hay que decir que Manzana desapareció después de este suceso y actualmente no se sabe si sigue vivo o no en su exilio mexicano. A pesar de la afirmación rotunda de Bonilla otros son partidarios de que se trató de un accidente de Manzana (que gozaba de la entera confianza de Durruti) y que tras su muerte se intentó suicidar para posteriormente desaparecer para siempre.

 

SU ENTIERRO

 

Kaminski lo describe así: “El cadáver llegó a Barcelona tarde por la noche (…) En la casa de los anarquistas, que antes de la revolución había sido la sede de la Cámara de Industria y Comercio, los preparativos ya habían comenzado el día anterior. (…) La ornamentación era simple, sin pompa ni detalles artísticos. De las paredes colgaban paños rojos y negros, un baldaquín del mismo color, algunos candelabros, flores y coronas: eso era todo. Durruti era un amigo. Tenía muchos amigos. Se había convertido en el ídolo de todo un pueblo. Era muy querido, y de corazón. Todos los allí presentes en esa hora lamentaban su pérdida y le ofrendaban su afecto. Y sin embargo, aparte de su compañera, una francesa, sólo vi llorar a una persona: una vieja criada que había trabajado en esa casa cuando todavía iban y venían por allí los industriales, y que probablemente nunca lo había conocido personalmente. Los demás sentían su muerte como una pérdida atroz e irreparable, pero expresaban sus sentimientos con sencillez. Callarse, quitarse la gorra y apagar los cigarrillos, era para ellos tan extraordinario como santiguarse o echar agua bendita. Miles de personas desfilaron ante el ataúd de Durruti durante la noche. Esperaron bajo la lluvia, en largas filas. Su amigo y su líder había muerto. (…) El entierro se llevó a cabo al día siguiente por la mañana. Desde el principio fue evidente que la bala que había matado a Durruti había alcanzado también el corazón de Barcelona. Se calcula que uno de cada cuatro habitantes de la ciudad había acompañado su féretro, sin contar las masas que flanqueaban las calles, miraban por las ventanas y ocupaban los tejados e incluso los árboles de las Ramblas. Todos los partidos y organizaciones sindicales sin distinción habían convocado a sus miembros. Al lado de las banderas de los anarquistas flameaban sobre la multitud los colores de todos los grupos antifascistas de España. Era un espectáculo grandioso, imponente y extravagante; nadie había guiado, organizado ni ordenado a esas masas. Nada salía de acuerdo a lo planeado. Reinaba un caos inaudito. El comienzo del funeral había sido fijado para las diez. Ya una hora antes era imposible acercarse a la casa del Comité Regional Anarquista. (…) Los obreros de todas las fábricas de Barcelona se habían congregado, se entreveraban y se impedían mutuamente el paso. (…) A las diez y media, el ataúd de Durruti, cubierto con una bandera rojinegra, salió de la casa de los anarquistas llevado en hombros por los milicianos de su columna. Las masas dieron el último saludo con el puño en alto. Entonaron el himno anarquista “Hijos del pueblo”. Se despertó una gran emoción. (…) Las motocicletas rugían, los coches tocaban la bocina, los oficiales de las milicias hacían señales con sus silbatos, y los portadores del féretro no podían avanzar. (…) Los puños seguían en alto. Por último cesó la música, descendieron los puños y se volvió a escuchar el estruendo de la muchedumbre en cuyo seno, sobre los hombros de sus compañeros, reposaba Durruti. Pasó por lo menos media hora antes que se despejara la calle para que la comitiva pudiera iniciar su marcha. Transcurrieron varias horas hasta que llegó a la plaza Cataluña, situada sólo a unos centenares de metros de allí. Los jinetes del escuadrón se abrieron paso, cada uno por su lado. (…) Los coches cargados de coronas dieron un rodeo por las calles laterales para incorporarse por cualquier parte al cortejo fúnebre. Todos gritaban a más no poder. No, no eran las exequias de un rey, era un sepelio organizado por el pueblo. Nadie daba órdenes, todo ocurría espontáneamente. Reinaba lo imprevisible. Era simplemente un funeral anarquista, y allí residía su majestad. Tenía aspectos extravagantes, pero nunca perdía su grandeza extraña y lúgubre. Los discursos fúnebres se pronunciaron al pie de la columna de Colón, no muy lejos del sitio donde una vez había luchado y caído a su lado el mejor amigo de Durruti. García Oliver, el único sobreviviente de los tres compañeros, habló como amigo, como anarquista y como ministro de Justicia de la República española. (…) Se había dispuesto que la comitiva fúnebre se disolviera después de los discursos. Sólo algunos amigos de Durruti debían acompañar el coche fúnebre al cementerio. Pero este programa no pudo cumplirse. Las masas no se movieron de su sitio; ya habían ocupado el cementerio, y el camino hacia la tumba estaba bloqueado. Era difícil avanzar, pues, para colmo, miles de coronas habían vuelto intransitables las alamedas del cementerio. Caía la noche. Comenzó a llover otra vez. Pronto la lluvia se hizo torrencial y el cementerio se convirtió en un pantano donde se ahogaban las coronas. A último momento se decidió postergar el sepelio. Los portadores del féretro regresaron de la tumba y condujeron su carga a la capilla ardiente. Durruti fue enterrado al día siguiente”.

Miles de personas despiden los restos de Durruti
Miles de personas despiden los restos de Durruti
Miles de personas despiden los restos de Durruti
Miles de personas despiden los restos de Durruti
Su circulo intimo lleva el cajon con los restos de Durruti
El traslado de los restos de Durruti
A la izda, su guardaespaldas, el sargento José Manzana, junto a García Oliver. La rumurología puesta en marcha acusó a Manzana de traición y del asesinato de Durruti. Tras los hechos, desapareció y parece que falleció en Méjico en los años 80.

Videos

http://www.youtube.com/watch?v=0MJbhMmG-EM

 

Personas Mencionadas:

Buenaventura Durruti, Antonio Ortiz Ramírez, Domingo Ascaso, Gregorio Jover, Cristóbal Aldabaldetrecu, Miguel García Vivancos, García Pradas, Jesús Pérez Salas, Pérez Farràs, Fernando Salavera, Martínez del Barrio, Sacanell, Hans Beimler, Villalba, Koltsov, Francisco Subirats, George Orwell, Bayo, Albert Souillon, Abel Paz, Pedro De Paz, Joan Llarch, Antonio Bonilla, Lorente , Miguel Doga, Jose Manzana, Julio Graves, Antonio Bonilla, Kaminski  

 

Fuentes:

 

Abel Paz “Durruti en la Revolución Española”,

Pedro De Paz, “El hombre que mato a Durruti”

Joan Llarch “La muerte de Durruti”

http://blog.pedrodepaz.com/2009/11/la-muerte-de-durruti.html

http://mundosgm.com/guerra-civil-espanola/la-muerte-de-durruti/

http://madridafondo.blogspot.com.ar/2012/04/el-balazo-mortal-de-buenaventura.html

http://diariodevurgos.com/dvwps/la-muerte-de-durruti.php

http://www.fotosmilitares.org/viewtopic.php?f=31&t=2578

http://lacomunidad.elpais.com/leyendasdelaguerra/2008/7/11/la-muerte-durruti

http://www.alasbarricadas.org/forums/viewtopic.php?f=19&t=3830&start=30

http://www.portaloaca.com/historia/biografias/6454-76-anos-de-la-muerte-de-buenaventura-durruti.html

http://www.elhistoriador.com.ar/biografias/d/durruti.php

http://es.wikipedia.org/wiki/Buenaventura_Durruti