Esparcid mis cenizas por eurodisney, Rodrigo Garcia

Esparcid mis cenizas por eurodisney, Rodrigo Garcia

Todo el mundo tenemos nuestras ocupaciones pero, ¿quién tiene su vida? En los parques y en las colas del supermercado y en las heladerías, las madres preguntaban a sus hijos de cuatro años ¿qué se dice? Y sus hijos respondían: gracias. Los dueños de perros gritaban a sus perros: sentado y los perros se sentaban. Y a eso se sumaban objetos inanimados. Y corazones rotos en el camino. Y las risas. ¡Todo lo tenía cerca, todo estaba a un palmo! Vi un enjambre de vida, vi un éxtasis aquí y allá, pensé en cada alma y en su trajinar cotidiano. Prometo que me di cuenta de todo y, sin embargo, todo, todo, me supo a poco. Vi la vida manifestarse y me pareció poco. Y regresé a casa en primavera, había pasado meses fuera de mi casa. Había dejado un paisaje seco y nevado, endurecido todo por el frío, árboles y rostros que se hacen duros y enjutos para protegerse, manos ocultas en guantes, cuerpos tensos dentro de un barullo de ropas… Y, ahora, a mi regreso, era primavera. La naturaleza estaba exultante. Y yo no. Y me reconocí atravesando caminos, en coche, con las ventanas bajadas y el aire era aire real y mi pelo y mi piel parecían artificiales. Y corté con lo que me parecía artificio, la música de la radio del coche. Y bajé del coche para seguir a pie. Pero todo seguía siendo incómodo y angustiante porque yo no habitaba la tierra, yo no estaba en el mismo sitio que la primavera. Es duro ver cambiar los árboles, ver crecer la hierba, ver terneros a montones pegados a sus vacas y sentirte el mismo de siempre, sin la oportunidad de renovarte, de resurgir. Llegué caminando a casa. Las ramas del árbol que yo había dado por muerto, casi se metían por las ventanas y yo estiraba un brazo para tocar las hojas y los frutos, con poca convicción y con un cansancio desconocido. Los años, pensé, los lleva mejor este nogal que yo. Daba frutos. Los paisajes dominados no tienen interés. Los paisajes por descubrir no existen. Los paisajes poco frecuentados hay que respetarlos con nuestra ausencia.