Así mueren los anarquistas, Josep Saleta y Jesus Pascual

La ejecución de los reos de Tarrasa

 

El sábado, a las once y media, entraron los reos en capilla, habiendo sido instalada una en cada celda. El Saleta (a) Nano, rechazó las estampas que le ofrecían el sacerdote y los hermanos de la Caridad, diciéndoles:

—Déjense de estas cosas.

Repetidas veces Saleta invitó al sacerdote que le asistía a sostener una controversia con él sobre religión y anarquismo. Los sacerdotes que le asistían intentaron insistentemente que confesara y se arrepintiera, pero todo fue inútil. Se esforzaba en aparecer tranquilo, y sereno, y contestaba descaradamente a las excitaciones que le dirigían los sacerdotes a fin, de que muriese cristianamente.

Pascual Aguirre pasó toda la madrugada tumbado en la cama boca abajo y cuando los sacerdotes intentaban interrogarle, pedía que no le molestasen y que lo dejaran solo. Como aquellos insistieran, para que confesara, contestó airadamente al que le dirigió el ruego que si no se marchaba le arrojaría una silla a la cabeza. No quiso tomar nada de alimento en toda la madrugada.

A las tres y media Saleta comió con gran tranquilidad dos huevos fritos, bebiendo luego una copa de agua por tener costumbre de no beber vino.

Momentos antes de salir de la celda para el lugar de la ejecución, entregó al capitán, de la guardia civil una carta dirigida a su padre, el cual vive en Barcelona, en casa de una hermana del reo.

A las cuatro de la madrugada, se celebró una misa en la capilla de la cárcel. A dicha hora llegaron los hermanos Castella, hijos del somatenista víctima, del atraco, acompañados de algunos amigos, todos del somatén. Poco después llegaron, a la cárcel los médicos forenses señores Cadafalch y Cistaré.

Los ejecutores de la justicia se hallaban, en la. cárcel desde el anochecer. Eran, los de las Audiencias de Barcelona y Burgos. El de la de Barcelona, Rogelio Pérez, es de una estatura regular, lleva grueso bigote. El otro es de baja estatura, lleva bigote gris recortado y se llama Gregorio Mayoral y Cendino.

Rogelio Pérez es la tercera vez que ejecuta; Mayoral, con estas dos, ha realizado cuarenta y nueve ejecuciones.

Además de la guardia civil, durante toda la madrugada han prestado, guardia en la cárcel, treinta individuos de tropa del regimiento de cazadores de montaña número 1, de Berga, destacado en Manresa, a las órdenes del teniente don José Ricard y del suboficial don Ernesto Lluch.

A las cinco de la mañana se celebró otra misa en la capilla.

Al apuntar el día llegó el alcalde de Tarrasa señor Samaranch, con tres vecinos, que habían de actuar de testigos de la ejecución.

 

La ejecución

A las cinco y media de la mañana, salen de la cárcel los hermanos de la Sangre y de la Paz y Caridad, los médicos forenses, el alcalde y los tres testigos, el director general de prisiones, el capitán de la guardia civil y algunos individuos de policía.

Joan Castella, el hombre asesinado
Entierro de Juan Castillo

En el fondo del patio de la cárcel, junto a la pared, se había montado, el patíbulo, pintada de negro la plataforma, de la cual salían tres palos equidistantes y al pie de cada uno de ellos el correspondiente banquillo. Una escalera adosada a la mitad del patíbulo daba acceso a la plataforma.

Jesús Pascual Aguirre

El condenado Jesús Pascual Aguirre salió de la celda a las cinco y media apareciendo en el patio de la cárcel acompañado de un sacerdote y de los hermanos de la Sangre y de la Paz y Caridad; el reo subió la escalera del patíbulo algo decaído, muy pálido, y al llegar arriba volvió la cabeza, mirando a los que presenciaban la ejecución. Sentóse en el banquillo, siendo atado con cuerdas y con un ancho cinturón de correa, por el verdugo de Barcelona, mientras al de Burgos le colocaba la argolla al cuello. En aquel momento Pascual, con voz temblorosa y débil, gritó:

—¡Viva la anarquía!

Inmediatamente, el verdugo de Burgos movió la manivela, mientras el de Barcelona cubría con un pañuelo el rostro del sentenciado.

Se había cumplido la justicia humana. Eran las 5’38.

Los médicos forenses tomaron el pulso al ajusticiado, que continuó funcionando trece minutos después de la ejecución. Cuando los forenses certificaron la muerte de Pascual, fue éste desatado, y los hermanos de la Paz v Caridad colocaron el cadáver en el féretro, retirándolo del patio de la cárcel.

Josep Saleta

Cerca de las seis apareció en el patio de la cárcel el otro reo, Saleta, (a) Nano, que iba esposado; sereno y sin decaer un momento de ánimo, subió solo la escalera del patíbulo y dirigiéndose al sacerdote y a los hermanos de la Sangre y de la, Paz y Caridad, les dijo:

—Bueno, señores: Si es verdad, que hay otro mundo, allá nos veremos.

Resueltamente sentóse en el banquillo, que le indicó el verdugo, exclamando:

—¡Así mueren los .anarquistas!

Mientras el verdugo de Barcelona lo ataba, el de Burgos intentó ponerle la argolla, pero como que el aparato venía sobre la barba del Nano, el verdugo le dijo que elevara un poco la cabeza, contestando el Saleta:

—Vamos, hombre, acabemos pronto. Ya está bien así. Aprieta y no te entretengas.

En el momento, en que el verdugo de Burgos impulsaba la manivela., el Nano gritó:

—¡Viva la anarquía!

Las últimas sílabas quedaron ahogadas. Eran las seis y tres minutos.

El pulso, funcionó doce minutos más.
El cadáver fue amortajado por los hermanos de la Paz y Caridad.

Fuera de la cárcel, una numerosa multitud esperaba con ansia noticias de la ejecución, y cuando inmediatamente después de cumplirse la sentencia se izó en la cárcel la bandera negra, se produjo en el público honda sensación.

Los féretros, que contenían los cadáveres de los ejecutados, fueron colocados en dos coches fúnebres, de los cuales habían sido retiradas las cruces por haber muerto los reos sin haberse reconciliado con la Iglesia. Acompañados por la guardia civil, fueron conducidos los cadáveres al cementerio civil, donde quedaron expuestos, siendo enterrados más tarde.

A los reos se les dio garrote vil y no fueron fusilados a pesar de haber sido, juzgados por un consejo de guerra sumarísimo, porque se consideró que el delito que habían cometido merecía la muerte infamante del patíbulo.

La ejecución de los anarquistas Josep Saleta y Jesús Pascual

Contexto histórico

El 24 Septiembre de 1923 fue ejecutado al garrote vil en Terrassa uno de los miembros de los grupos de acción de la CNT de Cataluña más destacados de la época, Josep Saleta Pla, “el nano de Sants”, juntamente con el anarcosindicalista vasco Jesús Pascual Aguirre, que hacia poco que había llegado a Barcelona. Ambos gritaron “Viva la anarquía” poco antes de morir.

Josep Saleta Pla nacido en barrio de Sants de Barcelona en 1900, era del sindicato de metalúrgicos de la CNT y desde 1919 formaba parte de los partidarios del anarquismo puro dentro de la CNT y contrario a los anarcosindicalistas llamados reformistas partidarios de la acción puramente sindical.

Entre 1919 y 1920 la acción altamente efectiva de los principales líderes anarcosindicalistas en Cataluña como Seguí, Piera, Buenacasa, Viadiu, Peiró o Pestaña era continuamente atacada por los pistoleros de la patronal y la policía. En aquellos momentos los hermanos valencianos Volney y Progrés Ródenas coordinaron diversos grupos armados de acción de la CNT catalana para hacer frente a la violencia represiva.

En 1920 Josep Saleta ya lideraba uno de los grupos de acción de la CNT en Barcelona formado por Andreu Masdeu, Vicenç Cervera, Francesc García “el patillas”, Joan Tarragó, Ramon Company, Juan López, Joan Gussí, Bartolomé Llabrés, Jenaro Minguet y otros que respondía a los pistoleros patronales causando algunas bajas entre ellos. También este grupo atentaba contra patronos que pagaban a estos sicarios como Joan Bayes que resulto herido en un atentado Mayo de 1920.

El 8 de Septiembre de 1920 Saleta y su grupo matan a dos miembros de los Sindicatos Libres que trabajaban en el periódico “La Publicidad”. En aquellos meses de 1920 los pistoleros del falso Barón de Koenig al servicio de la patronal y los pistoleros de los Sindicatos Libres atacaban continuamente a los cenetistas en Barcelona y estos solían responder con acciones como estas. Acciones similares se realizaron en los siguientes meses tanto por el grupo de Saleta como otros para responder con venganzas a los asesinatos de los pistoleros patronales.

Habiendo sido ilegalizada la CNT por Martínez Anido a finales de 1920, los primeros meses de 1921 caían muertos docenas de cenetistas, muchos por la ley de fugas de la policía. El sindicalismo no existía en 1921 en Barcelona, solo los atentados y las venganzas.

Los grupos de acción de la CNT, uno de los cuales el de Josep Saleta, tenían mucho trabajo en responder a estos atentados. Estos grupos de acción liderados en aquel momento por Ramón Archs, que era el secretario general de la Confederación Regional del Trabajo de Cataluña de la CNT, causaron la muerte de diversos pistoleros patronales, del inspector de policía Antonio Espejo, que era uno de los que aplicaban la ley de fugas y finalmente la muerte del mismo presidente del Gobierno de España Eduardo Dato en Marzo de 1921, acción llevada a cabo en Madrid por los cenetistas metalúrgicos Pere Mateu Cusidó, Ramón Casanellas Lluch y Lluís Nicolau Fort.

En Mayo de 1921 el local clandestino de los grupos de acción de Sants sufre un accidente al explotar diversas bombas en el local muriendo algunos de los activistas como Roser Benavent, que era la que regentaba el local tapadera y otros resultando heridos y detenidos como Alfons Vila conocido por Bautista Acher y Roser Segarra. Al investigar la policía la documentación y las amistades de los activistas de Sants la policía identificó a Josep Saleta como uno de los principales activistas del grupo.

El 17 de Mayo de 1921 la policía localiza a Saleta y cerca durante todo un día varios barrios de la zona del Paralelo para detener a Josep Saleta y a Pere Navarro cerrando el paso a todos los viandantes, cosa insólita en la época. Increíblemente ambos pudieron escapar al cerco.

A finales de Junio de 1921 Ramon Archs, secretario de la CRT de Cataluña de la CNT y Pere Vandellós, ambos líderes en aquel momento de los grupos armados, son asesinados por la policía en la ley de fugas. Josep Saleta junto otros compañeros forman un comando que incrementa los ataques a miembros de los Sindicatos Libres y a las fuerzas represivas como venganza a estos asesinatos.

En Julio de 1921 la policía descubrió otra fábrica de bombas en la montaña de Montjuic en Barcelona en que fueron detenidos los anarcosindicalistas Francesc Martínez Vallès, Marià Novellón Constant, Francesc Novellón Constant, Marià Canela Barberà, y Joan Cusí Cañellas. Josep Saleta que formaba parte del grupo que fabricaba bombas en Montjuic pudo escapar otra vez del cerco policial.

En Julio de 1921 también son asesinados en Barcelona el ex secretario general de la CNT Evelio Boal y el tesorero de la CNT Antoni Feliu en un complot policial poco después de ser liberados. Muchos otros cenetistas seguían cayendo asesinados por este método.

Por estos motivos, a parte del grupo de Saleta, habían también otros grupos de acción, ya que el 1921 no existía el sindicalismo en Cataluña al estar ilegalizada la CNT por Martínez Anido desde Diciembre de 1920, con la mayoría de sus principales cargos encarcelados, asesinados o huidos y solo existía la defensa o respuesta armada. Esta situación duró hasta los primeros meses de 1922 en que la CNT volvió a ser legalizada. Salvador Seguí y otros lideres de la CNT fueron liberados después de un año y medio de cárcel y aunque se reanudó la actividad sindical no acabaron tampoco los atentados mutuos entre la CNT y los Sindicatos Libres.

Josep Saleta había sido detenido en Agosto de 1921. En Noviembre de 1922 fue juzgado junto con otros compañeros suyos por el atentado contra el empresario Joan Bayes. No obstante finalmente fueron absueltos él y sus compañeros por falta de pruebas después de un año y medio de cárcel, cosa que visto desde el punto de vista actual parece increíble aunque si analizamos el contexto de la época se puede entender más este hecho.

Los grupos armados de la CNT en Barcelona eran tan fuertes que muchas veces solían amenazar a testigos y a miembros de los jurados populares que en ocasiones absolvían increíblemente a algunos activistas cenetistas.

Josep Saleta y algunos de sus compañeros ya habían sido juzgados en Mayo de 1922 por los atentados mortales contra dos miembros de los Sindicatos Libres y por fabricación de bombas. En estos juicios se habían suspendido diversas ocasiones por la ausencia del jurado popular y algunos testigos que aterrorizados no se atrevían ni a declarar ni a dictar sentencia. Finalmente fueron absueltos por falta de pruebas pero permanecieron en la cárcel a la espera del juicio por el atentado contra el empresario Joan Bayes.

En el juicio que se celebró contra Josep Saleta, Joan Tarragó, Ramon Company, Andreu Masdeu y Andreu Ramon en Noviembre de 1922 por el atentado contra el empresario Joan Bayes, algunos testigos cambiaron sorprendentemente su declaración y en contra de lo que habían declarado un año antes dijeron en el juicio que ahora no reconocían a los encausados. El mismo empresario Joan Bayes declaró en el juicio que no recordaba la cara de los que dispararon contra el, a pesar de que un año antes había reconocido a los autores, según los periódicos parecía aterrorizado. También según las crónicas de algunos periódicos de la época, el juez instó al jurado popular a dar su veredicto sin dejarse intimidar por presiones y amenazas, ya que sabía que era una práctica habitual.

Finalmente el jurado declaró la absolución de Saleta y los otros encausados por falta de pruebas que finalmente salieron libres. Evidentemente fue un claro caso de intimidación a testigos y jurado por el gran poder que tenían los grupos armados de la CNT.

Hacía dos meses que Martínez Anido había sido destituido como gobernador civil de Barcelona al descubrirse que sus agentes se habían infiltrado en un complot para matarle y aprovechó este hecho para intentar eliminar en el tiroteo a todos los anarcosindicalistas de complot. Finalmente todo acabó con la muerte de cuatro anarcosindicalistas, Josep Claramonte, Adolfo Bermejo, Rafael Climent y Amalio Cerdeño “el madriles”, este último con la ley de fugas después de ser detenido. En el tiroteo también murió un policía.

Al descubrir el gobierno y toda la prensa la relación de Anido y la policía con leyes de fugas después de este complot en que fue detenido el infiltrado en la CNT Inocencio Feced, hubo una voluntad de pasar página y con la intención de tapar delante de la prensa, la opinión pública y las denuncias de varios diputados, los sucios asuntos de asesinatos de cenetistas en los que estaban implicados diversos militares y jefes de policía.

Por este motivo tampoco había mucho interés en investigar estas supuestas amenazas al jurado al haber-se destapado los sucios asuntos de la policía de Barcelona. Incluso durante un tiempo el gobierno perseguía también a los miembros de los Sindicatos Libres, antes protegidos por Martínez Anido, que participaran en atentados creyendo que así se calmaría la situación por ambas partes. Pero los patronos más radicales no estaban por aguantar otra vez la efectiva acción sindical de la CNT liderada por Salvador Seguí y volvió a contratar pistoleros para atentar contra cenetistas y así reventar el proceso pacificador.

En Marzo de 1923 es asesinado Salvador Seguí, que había sido antes el secretario general de la CRT de Cataluña y que en aquel momento era el secretario general de la CNT a nivel estatal. Seguí era un líder anarcosindicalista más partidario una revolución gradual a través del sindicalismo y con discrepancias con los partidarios de la revolución anarquista inmediata, como proponían los Solidarios.

Los Solidarios eran un grupo de acción anarquista que se había formado en Barcelona a finales de 1922 al que se incorporaron algunos de los principales activistas de acción de Cataluña como Alfons Miquel Martorell y Eusebi Brau junto con Joan Garcia Oliver, Ricardo Sanz i García Vivancos entre otros que se habían unido con el grupo de acción anarquista “Los Justicieros”, que hasta entonces actuaban principalmente en Aragón formados por Buenaventura Durruti, su líder, junto con Francisco Ascaso, Domingo Ascaso, Rafael Torres Escartín, Aurelio Fernández, Gregorio Suberviela y Marcelino del Campo entre otros.

A pesar de las discrepancias, numerosos anarcosindicalistas de las dos tendencias se lanzaron juntos durante un tiempo a la caza de los Sindicatos Libres en venganza por la muerte de Seguí causando numerosas bajas.

Josep Saleta que estaba alineado con los partidarios de la revolución anarquista inmediata como proponían los Solidarios y que ya en 1919 había increpado públicamente a Salvador Seguí acusándolo de reformista, participó activamente en esta campaña de venganzas por su asesinato en 1923.

A consecuencia del espectacular incremento de los atentados, que se acercaban al nivel de 1921, el 12 de Septiembre de 1923 el general Primo de Rivera aprovecha para hacer un golpe de Estado en Barcelona con la excusa de acabar con la violencia. Después de esto y de la supresión de las garantías personales y ante la previsión de detenciones masivas desaparece prácticamente la actividad sindical y hay una huida de anarcosindicalistas ante la posibilidad de detenciones masivas.

No obstante algunos pocos activistas de la CNT optan por seguir en la lucha callejera, entre ellos Josep Saleta, que sigue con sus expropiaciones para seguir recaudando fondos para la lucha.

El 18 de Septiembre de 1923 Josep Saleta y otros 7 compañeros suyos se presentan en coche conducido por el también destacado anarquista de acción Josep Soler Guillamet “el señorito” en la Caja de Ahorros de Tarrasa con la intención de hacer un atraco. Saleta y otros dos, supuestamente Jesús Pascual y Joaquín de Marco, entran en la Caja de Tarrasa y después de amenazar al personal consiguen 3500 pts. Unos Somatenes que habían sido avisados se acercaron a la Caja de Tarrasa y instan a los tres anarquistas a rendirse. Saleta y sus dos compañeros salieron a tiros matando al Somaten Joan Casella, que tenia heridas de bala de dos pistolas. Los otros que esperaban en el coche huyen a toda velocidad atravesando Terrassa entre una lluvia de balas perseguidos por varios coches de policía a los que finalmente consiguieron despistar.

Cerca de Terrassa fueron detenidos Josep Saleta, Jesús Pascual y Joaquín de Marco, todos en lugares distintos ya que se habían dispersado. Josep Saleta al ser uno de los anarquistas de acción más conocidos la policía no dudó en que fuera uno de los autores. Jesús Pascual fue detenido en un camino con unas gafas negras que se parecían a una que llevaba los atracadores según testigos. Joaquín de Marco fue detenido también en las inmediaciones de Terrassa, ya que iba solo y estaba fichado como anarcosindicalista. Posteriormente la policía encontró las pistolas cerca de la zona que habían sido abandonadas.

En principio los tres negaron su participación pero algunos testigos dijeron haberlos reconocido cuando corrían por la calle a tiros.

Finalmente Josep Saleta declaró al juez durante el juicio, que se realizó pocos días después, que reconocía su participación en el hecho y exculpó a Joaquín de Marco, aprovechando que no pudo ser reconocido por los testigos cosa que salvó a éste de ser condenado a muerte. Se desconoce que dijo respecto a Jesús Pascual, ya que esta declaración se hizo a puerta cerrada, pero el hecho de que algunos testigos dijeron reconocerle impidió que Saleta le pudiera también exculpar. Jesús Pascual hacía poco que había llegado a Barcelona y recientemente había sido expulsado de Francia por sus actividades en grupos anarquistas.

Finalmente Josep Saleta y Jesús Pascual fueron condenados a muerte y ejecutados el 24 de Septiembre de 1923 en Terrassa. Jesús Pascual mantuvo hasta él último momento que era inocente de la muerte del Somaten.

El juez había dictaminado que fueran fusilados pero algunos militares intercedieron y dijeron que sería demasiado honor para ellos y al final se decidió que murieran al garrote vil para así ser tratados de delincuentes.

 

Fuentes:

http://www.alasbarricadas.org/forums/viewtopic.php?f=19&t=52864
http://terrassacat.blogspot.com.ar/2013/09/la-vanguardia-edicion-del-martes-25.html
http://recordsdeterrassa.wordpress.com/2008/11/06/

 

Personas mencionadas

Pascual Aguirre, Josep Saleta, Joan Castella, Cadafalch, Cistaré, Rogelio Pérez, Gregorio Mayoral, Cendino, José Ricard, Ernesto Lluch, Samaranch, Josep Saleta Pla, Jesús Pascual Aguirre, Seguí, Piera, Buenacasa, Viadiu, Peiró, Volney , Progrés Ródenas, Andreu Masdeu, Vicenç Cervera, Francesc García, Joan Tarragó, Ramon Company, Juan López, Joan Gussí, Bartolomé Llabrés, Jenaro Minguet, Joan Bayes, Barón de Koenig, Martínez Anido, Ramón Archs, Antonio Espejo, Eduardo Dato, Pere Mateu Cusidó, Ramón Casanellas Lluch, Lluís Nicolau Fort, Roser Benavent, Bautista Acher, Roser Segarra, Pere Navarro, Pere Vandellós, Francesc Martínez Vallès, Marià Novellón Constant, Francesc Novellón Constant, Marià Canela Barberà, Joan Cusí Cañellas, Antoni Feliu, Evelio Boal, Josep Claramonte, Adolfo Bermejo, Rafael Climent, Amalio Cerdeño, Inocencio Feced, Alfons Miquel Martorell, Eusebi Brau, Joan Garcia Oliver, Ricardo Sanz i García Vivancos, Francisco Ascaso, Domingo Ascaso, Rafael Torres Escartín, Aurelio Fernández, Gregorio Suberviela, Buenaventura Durruti , Marcelino del Campo, Primo de Rivera, Josep Soler Guillamet, Joaquín de Marco